sábado, 8 de septiembre de 2012

Gladiadores modernos.

Tapa del libro The Modern Gladiator, de Hyrum W. Smith, 
cuyo contenido no guarda relación con esta publicación

Vía Ezequiel Fierro, una reflexión de su padre, Víctor Fierro, acerca del cambio motivacional que se da entre las generaciones. 
Esta mañana venía escuchando por la radio las quejas de los jóvenes que protestaban porque tenían que salir de la cama e ir a trabajar con esta lluvia. Algunos mandaban mensajes diciendo que llamarían aduciendo enfermedad o que directamente pegarían el faltazo. Los de la radio, entre bromas, apoyaban estas actitudes.
Por otro lado, munido de campera y paraguas, salí a horario, fui a la estación, tomé el tren, viajé y caminé bajo la lluvia hasta el trabajo al que llegué temprano como todos los días, y al que entré saludando con alegría como siempre . Hace casi treinta años que hago esto con la misma iniciativa y con el ánimo dispuesto a respirar el aire de la mañana que es más puro que el del resto del día. No me molesta un poco de agua o un poco de frío que por estas regiones del mundo no son tan graves.
Por ahí es una cuestión de sangre o de esa cosa que vi desde chico en mis abuelos y en mis padres. El bienestar que da la responsabilidad cumplida, el gozo que bien predispone a la tarea diaria, que por más tediosa que parezca, la satisfacción la hace llevadera. Con Marisa, también trabajadora implacable, venimos sosteniendo de toda la vida esta opción que indudablemente es la mejor, y es la que fortalece de tal manera nuestra dignidad, que nada ni nadie la puede voltear.
Me parece que a los chicos los están engañando. Los medios les venden que la buena vida es la que transitan los que pasan por el programa de Tinelli, o la que llevan las que salen en las revistas. Les hacen creer que el estatus pasa por el modelo de celular, cuyo precio representa cada vez, un mayor porcentaje del sueldo que ganan (pobres)
Cuando tenía la edad de los que hoy rezongaban por el trabajo, vivía en Pablo Nogués y trabajaba en Morón (miren en GoogleMaps), entrando a las siete de la mañana de lunes a sábados. Nunca lo consideré un sacrificio, sino la manera más correcta de ganar el mango para sostener a los míos. Eso nos hace sentir como gladiadores victoriosos. Por escudo el bolsito, por espada un paraguas.
En Google+ fuimos varios los que felicitamos a Ezequiel y a su padre por esa filosofía de vida que, desgraciadamente, es cada día más despreciada en favor de la dejadez e indiferencia. Los que disfrutamos nuestro trabajo y tratamos de mantener la ética laboral, nos sentimos plenamente identificados.

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